Mucha gente pide un cold brew esperando un café helado, y se lleva una sorpresa: sabe más dulce, más suave y casi no tiene esa acidez que raspa. No es la misma bebida.
Qué lo hace distinto
El agua caliente saca del café todo de golpe: los azúcares, los aceites y también los ácidos y los amargos. El agua fría es más lenta y más selectiva: saca lo dulce y deja atrás buena parte de los ácidos.
Por eso el cold brew le cae mejor a mucha gente con el estómago delicado, y por eso se puede tomar sin azúcar sin que se sienta agresivo.
Cómo se hace en casa
No necesitas nada especial: un frasco, un colador y tiempo.
- Muele el café grueso, como para prensa francesa.
- Proporción: 1 parte de café por 8 de agua si quieres concentrado (por ejemplo, 100 gramos de café por 800 ml de agua).
- Revuelve, tapa y mete al refrigerador de 12 a 18 horas.
- Cuela con un filtro de papel o una manta de cielo. No lo exprimas: eso lo amarga.
Lo que te queda es CONCENTRADO, no es para tomarlo así. Sírvelo mitad concentrado y mitad agua, leche o leche vegetal, con mucho hielo.
Cuánto dura
El concentrado aguanta hasta dos semanas en el refrigerador, bien tapado. Ya rebajado con agua o leche, tómalo el mismo día.
Dos cosas que conviene saber
Más tiempo no es mejor. Pasadas unas 20 horas empieza a saber a madera. Si te quedó muy plano, no lo dejes más: usa más café.
Y no tiene menos cafeína. Al contrario: como es concentrado, un vaso de cold brew suele traer más cafeína que un café normal. Suave de sabor no quiere decir suave de efecto.
