Compras café bueno, te sabe increíble los primeros días y para la tercera semana ya no sabe a nada. No es tu imaginación, y casi siempre es por cómo lo guardas.
Lo que echa a perder el café
Son cuatro cosas, en este orden: el aire, la humedad, el calor y la luz. El aire es la peor. En cuanto el café se muele, la superficie expuesta se multiplica y los aromas se van en cuestión de días.
Las reglas
- Compra en grano y muele nada más lo que vas a usar. Es lo que más cambia, por mucho. Un molino de manija barato hace más por tu café que cambiar de marca.
- Guárdalo en un frasco hermético, opaco, en la alacena. No en la barra junto a la estufa.
- NO lo guardes en el refrigerador. Cada vez que lo sacas se condensa humedad encima, y además el café absorbe los olores de todo lo que hay adentro. Café con olor a cebolla es café perdido.
- Compra lo que te vayas a tomar en tres o cuatro semanas. No hagas despensa de café.
- Busca la fecha de TOSTADO en la bolsa, no la de caducidad. El café está en su mejor momento entre los 5 y los 25 días después de tostado.
¿Y el congelador?
Sí sirve, pero sólo para guardar de verdad a largo plazo y con una condición: en porciones pequeñas, en bolsas bien selladas, y cada porción se saca UNA vez y ya no vuelve. Sacar y meter la misma bolsa varias veces es lo que arruina el café.
Cómo saber si ya está viejo
Abre la bolsa y huele. El café fresco huele a algo: a chocolate, a nuez, a fruta, a caramelo. El café viejo huele a polvo, a cartón, o no huele a nada.
Otra señal: al preparar, el café fresco hace espuma y se hincha cuando le cae el agua. Si no se mueve nada, ya soltó todo su gas hace tiempo.
